Núm. 26 (2020): Música y danza en las ciencias sociales

PICOTA / Editorial

El número 26 de la Revista Perfiles de la Cultura Cubana centra su atención fundamentalmente en temas de la música y la danza, los cuales en las últimas décadas han alcanzado notable relevancia en el ámbito de las ciencias sociales. Dicho posicionamiento ha conducido a un permanente diálogo con otras disciplinas. La transversalización entre la sociología, la antropología, la historia y la musicología denotan la necesidad de pensar la música como una herramienta de lo social, que posibilita el análisis de las más disimiles problemáticas existentes en los diversos escenarios.

En la sección “Oficiosse presenta el dossier «Música y danza en las ciencias sociales», que nace del interés en abordar las prácticas musicales y coreográficas populares contemporáneas, cuyos entrecruces, plasticidad, inventividad y movilidad retan a los investigadores en ciencias sociales, obligándolos a cuestionar variadas definiciones y categorías. De esta forma, el dossier se enmarca a la vez en un enfoque analítico y etnográfico, tratando de evidenciar formas de hacer, pensar y sentir la música y la danza tanto desde la perspectiva de los investigadores como de la de los artistas y promotores culturales involucrados en estas prácticas.

Hablar de músicas y bailes «populares» no resulta tan evidente, puesto que los límites de esta noción suelen ser muy flexibles según los contextos nacionales, como se podrá evidenciar aquí con los ejemplos franceses, egipcios y cubanos. Además, cualquiera que sea el estilo musical o dancístico, encontramos por parte de los profesionales y los consumidores un intento común de clasificar y jerarquizar los repertorios. Los juicios estéticos oponen entre sí la pureza de ciertas formas musicales y el empobrecimiento de sus reinterpretaciones, o desvalorizan su codificación y comercialización. Estos debates taxonómicos se inscriben inevitablemente en lógicas de mercado e implicaciones políticas en el sentido más amplio de la palabra.

El estudio de los juicios estéticos permite medir las implicaciones identitarias, políticas y económicas de la cuales las categorizaciones musicales son el soporte. Los artículos encontrados aquí tratan de profundizar en la cuestión de la heterogeneidad de los usos de dichas categorizaciones, tomando en cuenta las ambivalencias y/o paradojas producidas, los principios que fundan los gustos del público y de los propios artistas, las divisiones (sociales, «étnicas», «raciales»…) que recubren, las divergencias de interpretación, las reprobaciones de

En la sección “Oficiosse presenta el dossier «Música y danza en las ciencias sociales», que nace del interés en abordar las prácticas musicales y coreográficas populares contemporáneas, cuyos entrecruces, plasticidad, inventividad y movilidad retan a los investigadores en ciencias sociales, obligándolos a cuestionar variadas definiciones y categorías. De esta forma, el dossier se enmarca a la vez en un enfoque analítico y etnográfico, tratando de evidenciar formas de hacer, pensar y sentir la música y la danza tanto desde la perspectiva de los investigadores como de la de los artistas y promotores culturales involucrados en estas prácticas.

Hablar de músicas y bailes «populares» no resulta tan evidente, puesto que los límites de esta noción suelen ser muy flexibles según los contextos nacionales, como se podrá evidenciar aquí con los ejemplos franceses, egipcios y cubanos. Además, cualquiera que sea el estilo musical o dancístico, encontramos por parte de los profesionales y los consumidores un intento común de clasificar y jerarquizar los repertorios. Los juicios estéticos oponen entre sí la pureza de ciertas formas musicales y el empobrecimiento de sus reinterpretaciones, o desvalorizan su codificación y comercialización. Estos debates taxonómicos se inscriben inevitablemente en lógicas de mercado e implicaciones políticas en el sentido más amplio de la palabra.

El estudio de los juicios estéticos permite medir las implicaciones identitarias, políticas y económicas de la cuales las categorizaciones musicales son el soporte. Los artículos encontrados aquí tratan de profundizar en la cuestión de la heterogeneidad de los usos de dichas categorizaciones, tomando en cuenta las ambivalencias y/o paradojas producidas, los principios que fundan los gustos del público y de los propios artistas, las divisiones (sociales, «étnicas», «raciales»…) que recubren, las divergencias de interpretación, las reprobaciones de 

actitudes o de gustos que suscitan o los procesos de legitimación elaborados.

El dossier comienza con el texto de Christophe Apprill, que parte precisamente de la falsa aplicación del término «popular» a la práctica contemporánea del tango argentino en Francia. Demuestra la manera en que tanto la forma del baile como la cultura asociada son objetos de definiciones constantes en términos de estilo, de autenticidad, de renovación y hasta de rivalidades nacionales. Más allá de la historia mítica, el artículo cuestiona el estatuto de la danza misma (como objeto «ilegítimo») en las ciencias sociales francesas.

El trabajo de Bárbara Balbuena Gutiérrez reflexiona acerca del origen y evolución del estatuto de la rumba como uno de los géneros músico- danzarios hoy en día más representativos del patrimonio cultural cubano. Asimismo realiza una caracterización de los estilos fundamentales que se conservan vigentes o no en nuestro país: el Yambú, el Guaguancó, la Columbia, las Rumbas miméticas y la Rumba teatral.

La perspectiva histórica para analizar el cambio de estatuto de los géneros es también la privilegiada por Anne Decoret, la cual nos explica la manera en que los públicos europeos, cegados por el imaginario orientalista, aprehendieron a partir de finales del siglo XIX espectáculos de danzas provenientes de culturas exóticas, sin ver que los artistas presentaban formas de baile adaptadas al formato escénico occidental e inspiradas, en cierta medida, en la danza teatral europea. Por lo tanto, en su gran mayoría estos bailes no eran «auténticos bailes tradicionales», sino el resultado de procesos culturales y artísticos que cursan en estas distintas culturas.

La distinción generalmente establecida entre las músicas y las danzas de las élites y las populares implica necesariamente una jerarquización, 

o por lo menos un proceso de exclusión estética, una percepción fragmentada y fragmentaria que no toma en cuenta los puentes, los préstamos y los entrecruces entre estilos musicales y coreográficos, todos polisémicos, multiformes, y cuyos criterios distintivos se vuelven borrosos cada vez que se intenta definirlos de manera estricta. El antagonismo supuesto entre masa y élite no resiste a la aspiración de numerosos intérpretes de músicas y bailes populares que, a pesar de definirse en oposición a una cultura dominante considerada como discriminante, aspiran a una legitimidad cultural y obran para obtenerla.

El texto de Nicolas Puig nos recuerda que los propios artistas pueden desempeñar papeles que van más allá del de compositor e intérprete en una «cadena musical». Nos describe la práctica de los awalîm, término egipcio que designa de manera peyorativa el medio de los músicos y de las bailarinas «populares» en el Cairo, analizando su papel de «pasadores de mundo», en contacto con públicos múltiples y testigos privilegiados de la diversidad de los contextos urbanos.

Elías Aseff, desde el punto de vista peculiar de un promotor cultural en el Callejón de Hamel, analiza por su parte el papel de los guías informales, de los artistas, de los profesores de baile y de percusión y de los investigadores del tema afrocubano sobre la evolución de la rumba. Mediante sabrosas anécdotas, nos muestra de qué manera las distintas calificaciones pueden concentrarse en un mismo personaje o abarcar a varios de ellos en un continuum o «cadena de profesionales al servicio del mundo espiritual cubano», quienes se dedican todos a orientar al apasionado visitante extranjero en el aprendizaje de esta danza.

El trabajo de Rosilín Bayona muestra que la música también constituye y refleja una legitimación para (de)construir imaginarios en torno a la racialidad empleando para ello letras de canciones. Su análisis se sitúa 

en un contexto de época en el que, a pesar de que no se alude a diferencias raciales su presencia se hace visible en nuestra sociedad.

Finalmente, los ensayos de Joanna Castilllo Wilson y Noel Bonilla- Chongo nos proponen enfoques teóricos renovados. La primera analiza el tratamiento de la música popular por parte de diversas disciplinas como la musicología y la sociología de la música, valorando el posicionamiento de los autores y la necesidad de complementar los enfoques en aras de lograr una metodología más compleja e integradora. El segundo propone indagar en la teoría de la danza desde la perspectiva de los estudios danzológicos.

Otros trabajos completan la sección “Oficios”. Saúl Millan explora los vínculos entre la intolerancia y el monoteísmo, entendidos como dos movimientos semejantes que establecen una relación singular con la alteridad. Alicia de la C. Martínez, Juan C. Osorio y Elpidio Expósito focalizan en los estudios de públicos desde una institución cultural: el museo. Ofrecen un encuadre conceptual para indicar los actuales enfoques y perspectivas válidos para este tipo de indagación. Por último, Luis Robledo Robledo propone un recorrido histórico como fundamento de la Teoría de las Representaciones Sociales. Estas suponen un corpus ontológico complejo, donde convergen la teoría del conocimiento, la gnoseología, la epistemología o la teoría crítica, y que conduce al problema de la conciencia y/o la ideología, ambas erigidas bajo la suspicacia de una falsa realidad.

Se ubica en la sección “Lamparilla” la reseña «Un libro abarcador sobre el tema de la música cubana» de la autora Rosilín Bayona. La cual tributa al volumen Música e identidad. Impronta de la música en la identidad y sicología social del cubano, Colección Sur (ensayo), La Habana, 2008, de la autoría de Oscar Oramas. El texto muestra un ambicioso panorama, pues parte de una aproximación de carácter histórico sobre la génesis de nuestra cultura musical, desde los 

momentos fundacionales de la conquista y la colonización, abordando los componentes étnicos y el mestizaje operado en nuestras canciones (con la notable impronta africana), hasta la resultante de una sonoridad ecléctica y diversa.

La sección “Inquisidor” incluye la entrevista de Helio Orovio. Esta nos recuerda un aspecto poco estudiado y difundido del espectro de este género musical y coreográfico complejo: el de su desenvolvimiento en circos ambulantes, cabarets, teatros y posteriormente en el cine y la televisión. La rumba originaria dio pie a transformaciones y estilizaciones que vieron surgir famosas parejas y solistas, tanto femeninos como masculinos. Este camino llevó al desarrollo de orquestaciones elaboradas que tuvieron su sede en el cine mexicano y norteamericano o en los salones de baile de América y Europa, y que influyeron en posteriores géneros y estilos ya globalizados, como el de la «Rumba de salón».

En la sección “Arsenal” se presenta el documento inédito que constituye la autobiografía de Leandro Moré, percusionista autodidacta que narra su recorrido musical desde las calles de su barrio habanero hasta las giras de orquestas famosas como la de Pello el Afrokan o de Tata Güines. Nos hace sentir «desde adentro» cómo se construye una carrera musical a lo largo de una vida que se entrama con la historia de Cuba, y cómo, siguiendo el hilo de un ritmo, se vive un compromiso con la patria, su gente tan diversa, sus múltiples mundos interiores. Raras veces se leen en publicaciones científicas historias de vida realmente escritas por artistas oriundos de medios populares: esa tarea es generalmente delegada a personalidades académicas que fungen como biógrafos autorizados, intermediarios de cultura que tienden a limar espontaneidades poco compatibles con el estilo de este género textual. Aquí se respetó el estilo del autor para conservar su valor de testimonio etnográfico.

Publicado: 2020-01-01

Oficios

Lamparilla

Inquisidor

Arsenal