Núm. 33 (2024): Mirar lo diverso en y desde lo cultural

PICOTA / Editorial

El Número 33 de la Revista Perfiles de la Cultura Cubana se centra en la diversidad cultural, en tanto óptica de análisis para (re)pensar los matices y especificidades que distinguen a Cuba y al orbe. La realidad imperante demanda de múltiples miradas, cada vez más aguzadas y con la diana reflexiva enfocada en las dimensiones sociales, económicas, culturales y políticas, que permitan entender las tramas y complejidades que el tejido social encierra. En este sentido, urge (re)posicionarnos como investigadores y formuladores de políticas en la esfera cultural – comprometidos con la transformación social–, en tanto propósito a alcanzar.

Bajo esta noción, el número reúne las perspectivas de sociólogos, historiadores, comunicólogos, politólogos y otros especialistas abocados al estudio de la(s) realidad(es) sociales y culturales para incitar a los lectores a una reflexión sobre lo cultural. Así, en la sección “Oficios” se ofrece el dossier Mirar lo diverso en y desde lo cultural, aunando variados temas que ofrecen luces de posicionamientos, idiomas, disciplinas y ejes teóricos disímiles, cuyo hilo conductor es la CULTURA en su sentido más integrador. 

Diez textos lo conforman e invitan al lector a transitar por análisis orientados a las temáticas: prácticas educomunicativas; identidad cultural; deporte e historia local; inmigración a la región oriental cubana; afroestética; campo de estudios afro- brasileiros, fenómeno religioso en la región de América Latina, fundamentalismos religiosos y la impronta del mercado en la realidad sociocultural.

Se ubica en la sección “Lamparilla” una breve reseña firmada por los Licenciados Victor G. Oliva y Anaclara León sobre el libro Patriarchy of The Wage: Notes on Marx, Gender and Feminism [El patriarcado del salario. Críticas feministas al marxismo], de la autora italoestadounidense Silvia Federici. La valía del texto radica en la aproximación crítica al marxismo desde una perspectiva feminista. Constituye una mirada trascendental y necesaria que, «desde una crítica a Marx, desde los propios posicionamientos del marxismo; sin embargo, no desecha los aportes del teórico alemán: pone en contexto los argumentos, porque su objetivo es ampliarlos» (…), como plantean los autores.

En la sección “Arsenal” se abre un espacio para homenajear a la Dra. Ana Vera Estrada. Colegas de diferentes instituciones y disciplinas comparten sus escritos para agasajarla con motivo de habérsele dedicado este año la feria del libro en Santiago de las Vegas. Así, la Dra. Reveca Figueredo Valdés nos comparte sus palabras para este espacio de Picota como preámbulo de los testimonios que los lectores encontrarán. De esta manera, inicia Figueredo sus palabras:

Conocí de cerca a Ana en 2004, cuando fui su alumna en el módulo sobre Historia de familia, en la primera emisión de la Maestría de Historia Regional que se realizó en el Instituto de Historia de Cuba. Antes, había asistido a algunas de sus conferencias sobre oralidad en el entonces Centro Juan Marinello.

Fue la oponente de mi tesis de maestría, lo cual me acercó a sus puntos de vista intelectuales y su calidad humana. Concluida la maestría me invitó a integrarme al Seminario permanente hispano-cubano de familia, identidad cultural y cambio social, que llevó adelante en el Marinello. Fue allí donde decidí realizar una investigación sobre la familia esclava y uno de sus importantes modos de sociabilidad, el compadrazgo.

Paralelamente, trabajamos juntas en el Archivo Nacional una interesante documentación sobre la familia Iznaga de Trinidad, y proyectamos un libro que llegó a tener el hipotético título de Voces que narran la vida, en el que se recogieron historias de habitantes de la Habana Vieja, personas de ambos sexos y disímiles oficios que contaron sus experiencias vitales en diferentes contextos y épocas. Aunque esos proyectos no culminaron por diversas circunstancias, nuestra conexión intelectual se mantuvo y fraguó una sincera amistad.

He seguido siempre con mucho interés el trabajo realizado por Ana sobre la oralidad en Cuba. Ella ha sabido compilar lo mejor de las investigaciones realizadas por otros colegas, a la vez que aporta sus propios resultados investigativos. Igualmente considero pertinente su empeño en indagar los derroteros de la industria azucarera cubana en la actualidad, trabajo que la ha llevado a interesantes exploraciones antropológicas en regiones de arraigo azucarero en Matanzas y Artemisa.

Un estudio sobre la realidad azucarera en Cuba puede resultar un asunto espinoso, en tanto transversaliza sensibles aristas de la economía y la política en el país; sin embargo, Ana enfrentó tal desafío con total apego a la verdad histórica, la realidad que se vive en los antiguos bateyes tras el cierre de los centrales y las implicaciones histórico-culturales de la tarea Álvaro Reynoso.

El resultado de esas investigaciones, y la de otros profesionales que también abordan el tema desde perspectivas diversas, deberán ser tenidas en cuenta, como potencialidades, si se aspira a lograr una recuperación azucarera que responda a los tiempos actuales.

Ana Vera es, en mi consideración, una profesional que reúne en su persona un gran caudal de conocimientos, perfectamente balanceados con virtudes como la sencillez y la generosidad. Puede compartir libros, consejos, críticas, hospitalidad, traducir a petición de algún colega o alumno largos textos del francés, o sencillamente trasladarse a considerables distancias para acompañar la presentación de un libro o una conferencia de un camarada.

La dedicatoria a ella de la Feria del Libro, en su entrañable Santiago de las Vegas, ha sido un acto meritorio, pues hablamos de alguien que cree firmemente en el mejoramiento humano preconizado por Martí y lucha cotidianamente por él.

Por su parte, la Dra. Vera Estrada con su sencillez y elocuencia, nos regala desde el escriba su agradecimiento, matizado por una (auto)presentación que encontró en estas páginas un lugar atinado:

Soy una persona singularmente estable. Resido en la misma casa desde 1956, trabajo en el mismo lugar desde 1983 y he viajado siempre desde la periferia, lo cual determina que tenga una limitada presencia en los espacios públicos de la capital.

A veces me siento como el cometa Halley, que pasa y sigue sin que nadie lo pueda detener en su viaje interminable. Eso significa, sin embargo, que desde mi distancia y gracias a ella, dispongo de un precioso tiempo para soñar y, cuando llega la musa, para escribir.

En las aperturas imprevistas de este espacio consagrado a las divergentes estaciones de mi larga vida de trabajo, alguien observó la relativa dispersión de mis intereses profesionales, por eso, y para tratar de descubrir la coherencia interna de una labor que va desde la literatura de expresión francesa hasta la historia cultural cubana pasando por la familia, la industria azucarera y los cuentos populares, cuatro personas, a las que me une una gran amistad, se han puesto de acuerdo para referirse a varios asuntos que, quizás, son los que mejor provecho han obtenido de mi variada pero nunca arbitraria confluencia.

Los dejo con ellos.

Pero antes agradezco a todos y en particular a los grandes culpables de este empeño laudatorio, el inefable Luis, la laboriosa Elida, la sesuda Ondina, la omnipresente Yisel y tantos otros amigos y colegas del Marinello, por este homenaje sorpresivo, tan lejano a mis aspiraciones.

Queda abierta la ruta de lectura de los testimonios compartidos.

Finalmente, El ideal social de la Revolución Cubana en la novela de los años sesenta, es el artículo propuesto en la sección “Historiografía en el lente”. Una vez más, los lectores podrán acercarse a temas significativos que realzan el nexo entre cultura y enfoque historiográfico, en pos de enriquecer sus conocimientos.

MSc. Yeisa Sarduy Herrera

Dra. Reveca Figueredo Valdés

Dra. Ana Vera Estrada

Publicado: 2025-02-01

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